Las fotomultas volvieron a instalarse en el centro del debate. Cada vez son más los conductores que reciben una notificación en su domicilio y la primera reacción suele ser la misma: pagar cuanto antes para evitar recargos. Sin embargo, esa no siempre es la mejor decisión.
El perito accidentólogo Jorge Maidana recordó algo fundamental: recibir una fotomulta no significa que automáticamente haya que abonarla. Todo ciudadano tiene derecho a ejercer su defensa y a verificar que esa infracción haya sido confeccionada de acuerdo con la ley.
Esto implica revisar que el radar esté debidamente homologado, que la notificación incluya todos los datos exigidos, como la identificación del vehículo, el lugar, la fecha, la velocidad registrada y el cumplimiento del procedimiento legal. Si alguno de esos requisitos no se cumple, corresponde analizar el caso antes de pagar.
Ahora bien, esto tampoco significa que las normas de tránsito puedan ignorarse. Los límites de velocidad existen para proteger vidas y fueron establecidos a partir de estudios técnicos. Respetarlos sigue siendo la mejor forma de evitar accidentes y también sanciones.
En Curuzú Cuatiá, la instalación de radares representa una herramienta para mejorar la seguridad vial. Pero también es razonable plantear que estos dispositivos estén correctamente señalizados, para que su finalidad sea preventiva y no únicamente recaudatoria.
Otro punto que aclaró Maidana es un mito muy difundido: el supuesto margen del 10 % no autoriza a circular por encima de la velocidad máxima. Ese porcentaje solo sirve para graduar la sanción, pero exceder el límite continúa siendo una infracción.
La enseñanza es simple: ni pagar automáticamente ni desentenderse de la ley. Lo correcto es informarse, ejercer el derecho de defensa cuando corresponda y, al mismo tiempo, asumir la responsabilidad de conducir respetando las normas. La seguridad vial se construye con controles transparentes, ciudadanos informados y conductores responsables.